Evangelio (Mt 9,35-38; 10,1.6-8)
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces les dijo a sus discípulos: — La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Habiendo llamado a sus doce discípulos, les dio potestad para expulsar a los espíritus impuros y para curar todas las enfermedades y dolencias. Id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id y predicad: «El Reino de los Cielos está al llegar». Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, expulsad los demonios. Gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente.
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El 6 de diciembre se celebra la fiesta de san Nicolás de Bari. San Josemaría le encomendó la resolución de las dificultades económicas. La historia está relatada en “Los intercesores del Opus Dei” y firmada por José Miguel
La relación de san Josemaría con san Nicolás de Bari (Patara, 255 – Myra, 335) es antigua. Con anterioridad al nombramiento como intercesor, que llevó a cabo el 6 de diciembre de 1934, consta que ya había acudido, en diversas ocasiones, a rezar a la madrileña iglesia de El Salvador y San Nicolás, para «darle un sablazo».
San Josemaría acudía para encomendar a san Nicolás los apuros económicos familiares que se habían agudizado desde que, en 1931, dejara el Patronato de Enfermos.
Pocos años después, y en el contexto de las dificultades económicas surgidas en torno a la puesta en marcha de la Academia-Residencia DYA, el fundador le nombraría intercesor y, en ese mismo momento, estableció que, en todos los centros del Opus Dei, se colocara una imagen del santo.
Los títulos que el obispo de Myra presentaba a los ojos de Josemaría Escrivá para acudir a su intercesión coincidían con los de la imagen del santo en la tradición popular católica.
Apoyándose en la secular fama que tenía de abogado para las causas difíciles, especialmente en ámbito material, san Josemaría lo consideraba «el santo de las dificultades económicas y el santo de casar a las incasables». En esos primeros años, Escrivá se refería a san Nicolás de Bari con títulos diversos: «administrador», «patrono», «abogado» e «intercesor».
En 1954, en el contexto de las dificultades económicas surgidas con ocasión de la puesta en marcha de la sede central del Opus Dei en Roma, tuvo lugar la primera peregrinación de san Josemaría a la tumba del santo obispo en la capital de la Apulia.
En ese mismo año, al hacerse cargo la constructora Castelli de la gestión de las obras, se produjo una mejora de las circunstancias en las que se desarrollaron esos trabajos. También en 1954 quedó terminado el oratorio dedicado a san Nicolás en esos edificios.
¿Quién fue san Nicolás de Bari?
San Nicolás, también conocido como San Nicolás de Mira o San Nicolás de Bari (en Occidente, por el lugar donde fueron trasladados sus restos) fue un obispo que vivió en el siglo IV. Más de dos mil templos están dedicados a él en todo el mundo.
Nació en Patara, en la región de Licia (actualmente dentro del territorio de Turquía) en una familia adinerada y desde niño se destacó por su carácter piadoso y generoso. Sus padres, fervorosos cristianos, lo educaron en la fe. Después de la muerte de sus padres, Nicolás heredó una gran fortuna que puso al servicio de los necesitados, según la hagiografía escrita por San Metodio, arzobispo de Constantinopla.
Durante su época como obispo, y en su afán por erradicar los cultos paganos, ordenó demoler el templo de Artemisa en Mira; el templo más grande y famoso de Licia, así como otros varios edificios paganos. Por un decreto del emperador Licinio contra los cristianos fue encarcelado y su barba quemada, siendo liberado por el emperador Constantino.
Participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir el dogma de la divinidad de Cristo. Para combatir los errores, utilizaba una dulzura exquisita, logrando grandes y sinceras conversiones, a pesar de su discreto talento especulativo y orador que tanto gusta a los orientales. Sin embargo, cuando se trataba de proteger a los más débiles de los poderosos, San Nicolás, a pesar de su avanzada edad, actuaba con gran arrojo y vigor.
San Nicolás de Bari murió el 6 de diciembre del año 343 en Mira, pero sus restos descansan en la ciudad portuaria italiana de Bari, pues allí fueron a dar después de que fueran sacados de Turquía tras la conquista musulmana. Tras su muerte se convirtió en el primer santo no mártir en gozar de una especial devoción en Oriente y Occidente. Multitud de relatos milagrosos aparecieron sobre él, desfigurando, a veces, su eminente carácter práctico y sencillo.
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